Sucumbíos, Ecuador.- Moscas. De un lado a otro se ven las moscas, se oye su zumbido, agudo y largo. Las moscas están entre los cuerpos esparcidos en la tierra de la selva de Sucumbíos. Se regodean. Los insectos van del pecho destrozado de un guerrillero semidesnudo a la cara del ministro de Defensa de Ecuador, que protagoniza la escena con desagrado; van, del brazo achicharrado de otro guerrillero, a la mano del ministro de Seguridad que también hace muecas de asco. Zumban y zumban. Con ese periplo ruidoso y desorbitado, las moscas parecen ser lo más vital que hay ante tanta muerte, ante tanto cadáver que es grabado por una cámara de video.

Hace unas horas el ejército de Colombia arrasó con este campamento de las FARC, ahora convertido en un montón de escombros. Por los panfletos regados a la par que los cuerpos, ahí en esa selva de Ecuador se hablaba de revoluciones bolivarianas antes de que pasaran los aviones Supertucano y dejaran sus bombas de racimo. Ahora sólo se mira ahí la destrucción. Es la guerra, la guerra a secas, lo que se ve.

Y las moscas no paran, siguen rondando de aquí para allá, de un muerto a otro. Esto y lo demás que se ve en este video de 55 minutos con 43 segundos de la inteligencia militar ecuatoriana comienza en el aeropuerto de Lago Agrio, capital de la provincia de Sucumbíos, en donde el 1 de marzo Colombia atacó un acantonamiento guerrillero.

– Señor ministro, buenos días, la cuarta división del ejército se encuentra en el área donde fue el incidente– le dice un general a Wellington Sandoval, el jefe de las fuerzas armadas ecuatorianas.

– Muy bien– contesta el titular de Defensa, vestido con pantalón caqui y camisa celeste a rayas.

“Incidente” en este caso quiere decir incursión militar colombiana que deja 25 personas muertas, entre ellas el dirigente Raúl Reyes y cuatro universitarios mexicanos.

Ese es el diálogo con el que inicia el testimonio visual de la forma en que el gobierno de Rafael Correa confirmó la invasión extranjera a su territorio. En ese momento, aún no se sabía a ciencia cierta si los soldados colombianos habían perseguido a guerrilleros hasta territorio ecuatoriano como dijo primero el presidente Álvaro Uribe, o habían realizado una operación “quirúrgica” como se dice en lenguaje militar a un acto de guerra tan sorpresivo como el que ocurrió el 1 de marzo. Otros le llaman a esto masacre.

A la inspección, junto con el ministro de Defensa va el de seguridad, Gustavo Larrea. Los dos se sientan en la barandilla de un helicóptero al cual se han subido para acercarse hasta el campamento. Hay tensión en la frontera entre ambos países: los vientos de guerra soplaban en la región. Nadie descartaba que en cualquier momento pudiera ocurrir una nueva escaramuza.

Sandoval y Larrea miran la llanura inmensa de la amazonía, los riachuelos entrecruzándose, algunas fincas, caminos de terracería imposibles y de repente, a la distancia, el cráter dejado tras la visita nocturna de Colombia.

Ese momento es el minuto 04:19 del video oficial. El ministro de Defensa acaba de darse cuenta de la invasión. Hace un gesto de disgusto. Parece que va a decir algo, pero mira de reojo a la cámara que lo graba y se calla. Voltea de nuevo la mirada a la llanura agujereada. El rostro se le ha endurecido más y su semblante está enrojecido.

Una vez que ha descendido la aeronave, el ministro y su comitiva caminan entre la selva, cruzando estanques de agua, lodazales, veredas y puentes improvisados con troncos. A casi un kilómetro de distancia se encuentra el campamento arrasado.

Durante el trayecto, los soldados ecuatorianos cargan a una de las dos guerrilleras colombianas que sobrevivieron, junto con la mexicana Lucía Morett, al ataque.

– Tranquila, le venimos a sacar– le dice Sandoval.

– No me maltraten…– responde la colombiana.

– Nooo, nadie la va a maltratar. Yo soy el ministro de Defensa del Ecuador. Te vamos a dar toda la protección y todo lo que necesites. Estás más o menos a quince minutos de los helicópteros y te vamos a llevar a Quito para curarte. ¿okey?

En eso interrumpe Gustavo Larrea.

– Todos tus derechos van a ser garantizados. No estés asustada, estás en un país amigo. Ya pasó lo peor, que te sigan llevando.

Y los soldados ecuatorianos la siguen llevando. Al caminar aparece la otra guerrillera colombiana herida. Y empieza el diálogo con el jefe militar.

– ¿Cómo estás? Yo soy el ministro de Defensa del Ecuador, voltea para acá: estás a diez minutos de ser evacuada en helicóptero y nosotros te vamos a dar todo el cuidado médico y la protección. Te sientes bien, adolorida

– Sí, porque tengo partida una pierna.

– ¿Qué fue lo que pasó?– pregunta uno de los dos reporteros que acompañan a las autoridades.

– A las dos de la noche llegaron los aviones colombianos y los helicópteros. Ellos bombardearon y se fueron contra nosotros,

– ¿Ustedes estaban en territorio ecuatoriano?

– Sí.

– ¿Qué estaban haciendo?

– No sé, porque como yo estaba amarrada.

– ¿Por qué estabas amarrada?

– Porque cometí una indisciplina.

La comitiva sigue caminando hacia el campamento. Las dos heridas se van alejando en la toma. Irán hasta el Hospital Militar de Quito y luego pedirán refugio político, al igual que la mexicana Lucía Morett, quien no aparece en esta videograbación. El vuelo rasante de helicópteros y aviones se junta con el zumbido de los insectos de la selva.

Al ministro no se le despega más allá de un metro un hombre de de civil, el cual carga la metralleta más grande de todas las que se aprecian.

– ¿Dónde están los restos?– pregunta el ministro, una vez que han llegado, por fin, al campamento.

Nadie contestará. No hace mucha falta. Un zumbido guiará a los recién llegados. Ecuador está a punto de tomar oficialmente nota de la invasión a su territorio.

Una nube de moscas nauseabundas guía la misión.

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Por Diego Enrique Osorno | Milenio.com